domingo, 28 de mayo de 2017

UNA MIRADA A REFUGIO BARRAGÁN DE TOSCANO

Por: Sara Velasco


En el siglo XIX la literatura en Jalisco tuvo un auge importante en cuanto a la cantidad de escritores y a la calidad de su escritura. Los intelectuales supieron expresar sus ideas tanto de ideología liberal como conservadora en torno a la situación político-social que prevalecía en el país, pero no por ello dejaron de surgir voces líricas que llenaron las páginas en publicaciones periódicas y libros.
            Por todos son conocidas las obras de Vigil, Paz, Salado y López Portillo, entre otros; sin embargo, las plumas femeninas, aunque tímidamente y en menor número, también surgieron con reconocimientos en su entorno. Una de estas figuras es la de Refugio Barragán de Toscano en quien detendremos nuestra mirada esta noche.
Esta escritora nació en Tonila, Jalisco, el 28 de febrero de 1843, hija de Antonio Barragán Sánchez y Francisca Carrillo Aguilar. Aunque era originaria de Tonila, en algunos periodos de su vida vivió en Jilotlán de los Dolores, Los Reyes, Michoacán, Colima, Zapotlán, Guadalajara, Zacoalco, Atlixco, Puebla, y en la ciudad de México.
En la Escuela Normal de Colima estudió para profesora y obtuvo su título en 1865. Cuando era estudiante de esa institución y tenía entre 19 y 21 años de edad dio a conocer sus primeros poemas en el periódico La Aurora del Progreso. Desde entonces manifiesta facilidad para versificar y creatividad para la dramaturgia. La hija del capitán o la fuerza del amor estrenada en 1867, es uno de los dramas de esa primera etapa.
Después fue a vivir  a Zapotlán el Grande en donde contrajo matrimonio con el profesor Esteban Toscano Arreola en 1869. Más tarde radicaron en Guadalajara. De los cuatro hijos que tuvieron, dos murieron pequeños y sobrevivieron Salvador y Ricardo. A los diez años de casados murió su esposo cuando su hijo Salvador tenía siete años y Ricardo tres.
Y comienza para la viuda una vida intelectual y de esfuerzos -comenta Carmen Toscano, su nieta-. A los bordados primorosos de la época, a los tejidos de gancho y a la factura de canastitas de raso o a los objetos de madera labrada hay que añadir nuevas tareas; trabajando como profesora, escribiendo novelas que se publican por entregas, colaborando en periódicos como La Aurora y La Palmera del Valle de la que es directora, animadora y redactora y estrenando obras de teatro que le valen elogios. Así logra sostenerse con sus hijos y ayuda a sus padres. Una portada de la novela Premio del bien y castigo del mal, nos ilustra acerca del sistema de distribución de sus obras: “El precio de cada entrega es de 10 centavos en esta ciudad y 12 fuera de ella. Se reciben suscripciones en la casa del señor Antonio Barragán, calle de la Merced número 15 y en el despacho de esta imprenta. Se garantiza la conclusión.
Como lo comenta su nieta, la señora Barragán dirigió La Palmera del Valle, quincenal de carácter religioso, científico y literario del 5 de febrero de 1888 al 16 de junio de 1889.
Doña Refugio trabaja en Zacoalco por una temporada hasta que decide trasladarse a la ciudad de México en busca de mejores oportunidades para ejercer el magisterio y seguir formando a sus hijos. En la capital recibe ayuda de Rafaela Suárez, su ex maestra de la Normal de Colima, quien en ese tiempo era directora de la Normal Nacional, después de haber dirigido el Hospicio Cabañas. Refugio Barragán muere en la ciudad de México el 22 de octubre de 1916.
Los géneros literarios que predominaron en el siglo XIX en Jalisco fueron la poesía y el teatro. La narrativa tuvo menos cultivadores. De las escritoras jaliscienses, Isabel Ángela Prieto fue reconocida como poeta y dramaturga. Escribieron solamente poesía: Esther Tapia de Castellanos, Guadalupe Ruvalcaba, Balbina González y la etzatlense Mateana Murguía de Aveleyra. Antonia Vallejo, además de poemas escribió textos históricos y Emilia Beltrán y Puga sólo se dedicó a la historia.
De esta manera, la única escritora que en el siglo XIX incursionó en la narrativa además de teatro y poesía fue Refugio Barragán de Toscano convirtiéndose por este hecho no solamente en la primera mujer jalisciense, sino en la primera mujer mexicana que escribe novela. Guadalupe García Barragán en su libro Narrativa de autoras mexicanas asevera que: “Nuestra poetisa  y dramaturga jalisciense doña Refugio Barragán de Toscano {está} olvidada como primera novelista mexicana”. Asimismo esta ensayista, lamenta, en el libro citado, que doña Refugio nada más esté registrada en bibliografías locales, pero no es así; también aparece en Mujeres notables mexicanas, Mujeres de América, Enciclopedia de México, Gran Diccionario Enciclopédico de México Visual, Enciclopedia de la Literatura de México, por citar algunas.
Barragán Carrillo escribió dos novelas: Premio del bien y castigo del mal y La hija del bandido o los subterráneos del Nevado. La primera, editada en Ciudad Guzmán en 1884 con prólogo de Joaquín Silva, trata, como lo indica su título, de una historia que sirve para enaltecer los valores morales, tema que caracteriza gran parte de su obra poética y teatral.
En La hija del bandido o los subterráneos del Nevado, publicada tres años después (1887) en Guadalajara, el argumento gira en torno a la leyenda muy conocida en la zona de Ciudad Guzmán sobre ladrones que asaltaban a los viajeros y que al huir desaparecían misteriosamente sin ser nunca aprehendidos. Pues bien, la señora Barragán toma este asunto e introduce personajes ficticios, como la joven quinceañera hija de Vicente Colombo, líder de los bandidos, y mueve hábilmente sus figuras con diálogos coloquiales fidedignos al habla popular de la región. Asimismo las descripciones del ambiente son ricas y ágiles y en todo el relato sabe mantener el suspenso hasta el final en una historia bien estructurada.
 Sobre esta novela vale la pena leer el ensayo de Guadalupe Sánchez Robles titulado “La hija del bandido y el paradigma romántico mexicano” en el que analiza al personaje principal femenino y comenta que:
María es el clásico personaje romántico asediado por diversos tipos de hombres: Rafael quien la ama sincera pero celosamente; Patiño, bandido enamorado de sus cualidades físicas; el vizconde, prendado de sus posibilidades económicas y sociales y después de su hermosura y Martín, su acompañante indio de toda la vida quien le es fiel como un perro.
De las dos novelas escritas por doña Refugio, La hija del bandido ha acaparado más la atención ya que lleva numerosas reimpresiones, especialmente por el Ayuntamiento de Ciudad Guzmán, lo que no sucedió con la primera. Debo resaltar que los temas sobre acontecimientos de una población en específico aseguran, en cierta forma, las reediciones a través del tiempo.
Si a Refugio Barragán de Toscano se debe históricamente el mérito de haber sido la primera mujer que escribe narrativa en México no lo es menos el hecho de tomar como temas en la lírica y la dramática, la infancia. Escribe para los niños sobre asuntos morales y religiosos con fines didácticos, además de lo escrito a sus propios hijos como lo hicieron sus contemporáneas.
De las obras que escribió para los niños sobresale la publicada en 1883: Cánticos y armonías sobre la Pasión. Obra religiosa escrita en prosa y en verso y dedicada a la niñez. Se comprenden en ella, los pasajes más interesantes de la vida de N.S. Jesucristo y las principales parábolas que dijo durante su peregrinación sobre la tierra. En este libro se instruye al pequeño en una especie de catequesis que, por tratarse de la religión católica, puede ser útil hasta la fecha.
Además, dio a conocer un libro con cuarenta cuentos infantiles titulado Luciérnagas, en 1905, cuando doña Refugio tenía 62 años de edad, cuyas historias, de una manera  breve, sencilla y amena, pretenden fomentar valores. Este trabajo no ha sido valorado como debiera pues hay que considerar que en aquella época casi no se escribía el relato corto en prosa y menos para niños. En dos o tres páginas ofrece narraciones en ambiente mexicano, intercala algunas que tratan sobre hadas y palacios europeos, y aporta la novedad de que algunos cuentos se continúan con los mismos personajes.
En 1921, se dio a conocer Arpa infantil, poesías escritas para la niñez mexicana. Posiblemente estos poemas antes de ser publicados se recitaban en festivales escolares.
Otro trabajo póstumo, de 1933, lleva el título de Diálogos, monólogos y comedias para niños, escritos en verso. Contiene siete trabajos escénicos breves de niños y para niños: uno, cuyos personajes son profesora y alumna; luego, un diálogo de madre con su hija; el siguiente, una niña con sus muñecas; en otro, dos pequeñas y su mamá; hay un monólogo de una niña que perdió a su madre y un diálogo de hermanitos con madre y abuela. En medio de éstos da a conocer una obra con dos niños que representan “La paz y la anarquía”.
La escritura de poesía y obras teatrales dedicadas a los niños no era muy frecuente en ese tiempo. Hay sólo un autor que vivió más o menos en los mismos años que doña Refugio, el laguense José Rosas Moreno (1838-1883) quien fue reconocido por sus textos en libros escolares y por las Fábulas. Tanto Rosas como Barragán, en poesía y teatro, trataron temas educativos. José Rosas trascendió más por las fábulas que por el teatro infantil y Refugio Barragán más como novelista gracias a que los zapotlenses se han preocupado por mantenerla vigente. Lo cierto es que de ninguno de estos dos importantes autores se han republicado los trabajos dramáticos, quizá por el cambio de interés que la niñez ha tenido en nuestros días.
Y, curiosamente, ambos escritores tienen un título parecido: Un libro para mis hijos, escrito por Rosas en 1881 y Páginas de  oro para mis hijos por Barragán en 1889, año en que, guardadas las proporciones, Martí dio a conocer La edad de oro. Hay semejanzas y diferencias entre el texto de José Rosas y el de Refugio Barragán; por ejemplo, ofrecen distinta estructura: Rosas integra su librito por capítulos con los buenos hábitos que quiere inculcar en breves párrafos numerados y con cuestionario al final de cada lección. Barragán lo hace a manera de carta. Coinciden ambos, en que aunque se dirigen a sus propios hijos, consideran que su texto puede ser útil para cualquier padre de familia, además de afirmar que la felicidad se consigue con la práctica de las virtudes.
Los poemas religiosos fueron importantes en la actividad literaria de nuestra escritora, tanto, que publicó dos libros con licencia eclesiástica concedida por el arzobispo Pedro Loza: La hija de Nazaret, poema religioso dividido en dieciocho cantos, desde la Concepción de María Santísima, hasta su gloriosa Asunción, con la salutación del Ave María, en 1880; y el otro con tratamiento infantil ya  mencionado anteriormente: Cánticos y armonías sobre la Pasión.
Con temas variados, en Ciudad Guzmán, en 1880, editó Celajes de Occidente. Composiciones líricas y dramáticas que constituye el único libro de poesía junto con obras de teatro publicado por ella; también Vigil hizo igual sólo que éste dio a conocer Flores de Anáhuac en dos volúmenes diferentes, uno para poesía y otro para teatro (1866-1867).
En el drama en seis actos La diadema de perlas o Los bastardos de Alfonso XI, que fue representado en el Teatro Apolo de la ciudad de Guadalajara, la autora toma un asunto histórico de la realeza española sobre los hijos que tuvo Alfonso XI con Leonor de Guzmán. En esta obra, ambientada en Burgos y Toledo,  Edelina se enamora del Rey Enrique II sin saber que es rey, y de ella se enamora don Sancho; el conflicto llega al clímax una vez que se enteran que los tres son hijos bastardos de Alfonso XI. La diadema de perlas marcará el desenlace inesperado. Si la fecha de representación en Guadalajara fue en 1873, como está consignado, significa que se realizó tres años antes de la publicación de La hija del rey de José Peón y Contreras que contiene algunos elementos parecidos y que también termina con la muerte de algunos de los personajes principales. Si hacemos un rápido comparativo encontraremos que esta obra de la señora Barragán está a la altura de la de Peón y Contreras no solamente en cuanto a la temática y tratamiento, sino también en la riqueza de la versificación.
Lamentablemente no tenemos las obras completas de doña Refugio y de algunas sólo sabemos que existieron como Libertinaje y virtud o El verdugo del hogar  y Las cuatro estaciones. Zarzuela de fantasía, aparte de lo desperdigado en periódicos y revistas; otras, no están registradas por ningún investigador como lo demuestra el hallazgo reciente en una revista de Madrid de un ensayo sobre Sor Juana Inés de la Cruz firmado en el siglo XIX por la señora Barragán, lo que no es difícil puesto que se acostumbraba enviar textos a España.
Dos de las escritoras decimonónicas jaliscienses tuvieron en su familia gobernadores del Estado de Jalisco: Isabel Prieto, a su esposo, Pedro Landázuri;  y Esther Tapia, a su hijo, Luis Castellanos. De la señora Barragán sus dos hijos fueron célebres: Salvador por ser el introductor del cine en México, y Ricardo como investigador astrónomo y geofísico, ambos ingenieros.
 Doña Refugio, en los últimos años de su vida, participó en el acontecimiento pionero del cine, desde Atlixco, Puebla, en donde  administró el Salón Pathé en compañía de su hijo Ricardo. El testimonio de la crónica cinematográfica que llevó a cabo Salvador en gran medida se debe a la correspondencia epistolar que sostuvo con su madre y que ella conservó  amorosamente.  
“Ya me tienes aquí en nuestra tierra, el salón va en efecto muy bien –le escribe Salvador comentando la inauguración del cine Olimpia de Guadalajara en 1906- Todas las noches se ve el local de primera como un jardín, por todos los sombreros de señoritas de la mejor sociedad”.
Y en otras cartas:
“Para que se te quite la mala idea que tenías de Guadalajara en cuanto a espectáculos, te diré que ayer domingo hubo toros, que hicieron $2,500.00 pesos de entrada. Títeres del Apolo, $620.00, zarzuela en El Principal $900.00  y sin embargo nosotros hicimos $682.00
“Desde ayer te quería escribir, pero debido a las bolas que hubo precisamente en esta calle se me pasó y no lo hice. Ya te informarías por el periódico de lo que pasó aquí, el salón sirvió de refugio a mucha gente a la hora de los machetazos, hubo momentos en que creí que la manifestación degeneraría en un verdadero motín”. 10 de noviembre de 1910.
            Y así, las cartas entre madre e hijo dan cuenta de los sucesos nacionales hasta 1916, año en que muere nuestra escritora quien, mientras acompañaba a sus hijos en sus aventuras científicas y profesionales, no dejaba de escribir.

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