jueves, 16 de marzo de 2017

María del Refugio Barragán de Toscano

Hay quien asegura que Refugio Barragán de Toscano  fue la primera novelista mexicana, y esto es un dato cierto, pero no es lo más valioso de su obra, su obra trasciende al argumento de la gallardía que tuvo al escribir siendo mujer en el siglo XIX, una época que bien sabemos no era la adecuada para una escritora fuera del convento y de la escritura sosa de las mujeres de sociedad. Pido que no se le beatifique por ello pues la literatura no tiene género.  No se debe manchar el nombre de Doña Refugio bajo un falso optimismo feminista o peor aun bajo la influencia de algún discurso político.

Más allá del dato importante para sitiar la aportación de Refugio Barragán de Toscano la trascendencia de su obra radica en sus dos hijas: La de Nazaret y La del bandido, siendo esta última la predilecta por el colectivo. Con la primera el poema religioso formado por 18 cantos, nos narra la vida de María la madre de Cristo.  Un poemario bellamente escrito en la que  su objetivo es “ensalzar” o como la misma autora lo menciona en su dedicatoria, a su madre: “consagro estas horas destinadas a engrandecer las bellezas y virtudes de María”. 

Bellamente escrito y con un evidente dominio del lenguaje y la métrica desde la invocación hasta la asunción de María nos describe de manera ficcionada la vida de la virgen.  Finaliza el poemario con dos oraciones de la autora y su firma de 1879.

Resulta importante mencionar el dictamen de censura y aprobación del gobierno eclesiástico de Guadalajara que si bien otorga el nihil obstat, aclara: “no hay por lo mismo, inconveniente(…) en que conceda la licencia que se le pide para la impresión del referido escrito; aunque ya se deja entender que como en las obras de ese género  no todo está, ni quizá es posible que esté rigurosamente ajustado a la verdad histórica, sino que hay algo que es pura creación de la rica y fecunda imaginación del poeta”.

Se dice que los padres con los años se ablandan, de esta analogía resulta más certero decir que los autores con los años se perfeccionan, un acierto de Refugio Barragán de Toscano es despegarse de su religiosidad plasmada en su primogénita La hija de Nazaret (1880). En La hija del Bandido se consagra como la primera novelista mexicana en una obra que trasciende por su calidad literaria.

Hablar de La hija del Bandido o Los subterráneos del nevado (Guadalajara 1887) es tema de debate y la invitación, sin retorno, para sumergirse en el terreno sombrío del colectivo popular, de las leyendas e historias de a pie, de los dimes y diretes, de esos pedazos que forzamos a ser nuestros  y defendemos celosamente desde muchas generaciones atrás.

Inclusive existe quien al calor de las discusiones y la competencia por demostrar su dominio del tema le resulta fácil entrecruzar historias y bandidos y apretarlos en interpretaciones forzadas y hasta ridículas. Cruzar esa línea tan delgada entre la realidad y la ficción es la prueba irrefutable de un gran escritor, crear de la nada un mundo ficticio por el cual muchos se apasionen defendiendo como real. Toda literatura es ficción y La hija del bandido, no es la excepción.

Lo importante es, mirar muy de cerca y en silencio la magia de la literatura: la realidad y la ficción trabajando juntas para crear un universo literario.  Hay quien jura saber la ruta de Colombo, que su abuela, su tía, la vecina es uno de los personajes  o que alguna anciana puede corroborar la historia de un rapto por el bandido de Doña Refugio. Esta mitificación y enriquecimiento de la leyenda del bandido en el Sur de Jalisco es lo verdaderamente enriquecedor y trascendental de La hija del bandido… que sin mucho esfuerzo pasa de ser un fenómeno literario a un suceso antropológico.



Judith Rodríguez

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